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Aunque nunca olvido los valores de una educación victoriana, sin
proponérselo fue una gran transgresora. Nacida en Inglaterra en
1890, era la hija menor de un dandy que pasaba sus días en los clubes
de caballeros jugando a las cartas e invirtiendo su dinero en empresas
fallidas. A su muerte la familia descubrió que la había dejado en
la ruina.
A los once años Agatha sufrió también la asfixia de una madre posesiva
y depresiva a la nunca descuido. Precisamente, la muerte de su madre
actuó como primer disparador del enigma.
La buena niña victoriana, tímida y por entonces extremadamente delgada,
que asistió a varios milagros del siglo veinte - entre ellos, la
invención del automóvil, el cine y la televisión - empezó a idear
por casualidad su primera novela de misterio durante la primera
guerra mundial.
Como voluntaria en un hospital, entro en contacto con venenos y
pronto se puso a leer todo lo que podía encontrar sobre el tema:
sus efectos y antídotos.
Los exiliados belgas que por esa época llegaron a Inglaterra, la
inspiraron para perfilar el personaje de Poirot.
Pero mientras gestaba su primer misterio, la entonces Agatha Miller
también daba un paso fundamental en su vida: se caso en mitad de
la guerra con Archie Christie, piloto de la real Fuerza Aérea, quien
nunca fue totalmente aceptado por su madre. Era deportista, un playboy
seductor e inmaduro que solo amaba la vida sin complicaciones. Con
el, la jovencita tímida realizo sus primeras transgresiones. No
dudo en dejar a su hija Rosalind, de muy corta edad, a cargo de
su madre para irse con su marido durante todo un año a dar la vuelta
al mundo, visitar lugares exóticos e incluso practicar surf en Hawai.
Su espíritu aventurero comenzaba a cobrar fuerza, aunque también
la contradicción que iba a marcar su vida. “Para mi lo mas importante
es ser una buena esposa. Lo de escritora ocupa el segundo lugar”,
repitió hasta el final de sus días, cuando sus derechos de autora
le dejaban millón y medio de dólares al año y sus libros ocupaban
el tercer puesto en ventas en todo el mundo, después de la Biblia
y las obras de Shakespeare. Esa preocupación por ser una esposa
modelo la llevo a tratar de interesarse por el golf, deporte que
apasionaba a su marido, pero que a ella la aburría mortalmente,
a pesar de todos sus esfuerzos por aprender a jugar medianamente
bien y encontrarle algún placer. Pero los innumerables fines de
semana siguiendo a Archie por los links no rindieron sus frutos
y Agatha retomo el viejo sueño de venenos e intrigas armadas con
precisión matemática. El resultado fue El misterioso asunto de Styles,
novela publicada con éxito en 1920.
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